Cuando empecé a trabajar en oncología hace más de veinte años, los pacientes diagnosticados con cáncer de vejiga avanzado —especialmente aquellos cuya enfermedad se había extendido más allá de la vejiga— solían enfrentarse a un pronóstico muy desfavorable. Las opciones de tratamiento se limitaban en gran medida a la quimioterapia y, aunque a veces se observaban respuestas iniciales, estas solían ser de corta duración. La supervivencia a largo plazo era poco frecuente.
Sin embargo, en los últimos 10 a 15 años, los avances en el tratamiento del cáncer han cambiado significativamente este panorama. Analicemos algunos de los avances más destacados que han transformado el panorama del tratamiento del cáncer de vejiga.
Inmunoterapia: un gran avance
Uno de los avances más importantes ha sido la introducción de la inmunoterapia, que ayuda al sistema inmunitario a reconocer y atacar las células cancerosas.
Al igual que muchos tipos de cáncer, el cáncer de vejiga puede manipular nuestro sistema inmunitario, de modo que este no es capaz de reconocer las células cancerosas como una amenaza. Los medicamentos modernos de inmunoterapia, denominados inhibidores de puntos de control inmunitario, actúan eliminando el camuflaje que utilizan las células cancerosas. Esto permite que nuestras células inmunitarias identifiquen y destruyan las células cancerosas con mayor eficacia.
Aunque el cáncer de vejiga metastásico sigue teniendo un pronóstico general desfavorable —con una supervivencia a cinco años de aproximadamente el 9 % en los casos en estadio avanzado—, estas nuevas terapias han prolongado la supervivencia de muchos pacientes. (1) De hecho, los pacientes cuya enfermedad se limita a la vejiga o se ha extendido a órganos y ganglios linfáticos cercanos presentan tasas de supervivencia a cinco años entre cuatro y diez veces superiores. (1)
Conjugados de anticuerpos y fármacos: «quimioterapia inteligente» dirigida
Otra innovación importante es el desarrollo de conjugados de anticuerpos y fármacos (ADC). Estos medicamentos se componen de dos elementos. En primer lugar, hay un anticuerpo dirigido que se une a las células cancerosas. Una vez unido, se administra un potente agente quimioterapéutico directamente en el interior del tumor.
La capacidad de unión de estos medicamentos garantiza que la potente quimioterapia se dirija directamente a las células cancerosas, causando menos daño al tejido sano circundante. Aunque cada paciente es diferente, un menor daño a las células sanas se traduce en menos efectos secundarios.
El uso clínico ha demostrado que los ADC pueden provocar una reducción significativa del tumor incluso cuando otros tratamientos han fracasado. Esto supone un avance importante en el tratamiento de líneas posteriores. (2)
Terapia combinada: una nueva era
En el ámbito del tratamiento del cáncer, las terapias combinadas son habituales en casi todos los estadios de la enfermedad. La incorporación de las últimas inmunoterapias, los ADC, las tecnologías quirúrgicas, junto con pruebas moleculares avanzadas, la radioterapia y las quimioterapias tradicionales, ha demostrado mejorar las tasas de respuesta, acelerar la reducción del tumor y prolongar el control de la enfermedad.
Por ejemplo, un estudio reciente llevado a cabo en la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York (NYU), publicado el mes pasado, analizó la combinación de inmunoterapia con quimiorradioterapia en el cáncer de vejiga. Este estudio demostró una supervivencia global del 83 % a los dos años y una supervivencia sin enfermedad con la vejiga intacta de aproximadamente el 60 % a los dos años. (3)
Este estudio es relevante porque demuestra tanto una alta tasa de supervivencia como la posibilidad de conservar una vejiga funcional.
Conservación de la vejiga frente a extirpación: antes y ahora
Además de los avances en los tratamientos farmacológicos, se han logrado progresos en los tratamientos quirúrgicos y de radioterapia disponibles. Esto ha dado lugar a mayores tasas de conservación de la vejiga, al tiempo que se consigue una supervivencia sin cáncer más prolongada. Comencemos por analizar los tratamientos estándar de hace apenas una década. En aquel entonces, la cistectomía radical (extirpación completa de la vejiga) era el tratamiento estándar para la enfermedad con invasión muscular. Había pocas opciones disponibles. La supervivencia a cinco años tras la cirugía era de aproximadamente el 50-55 %. (4)
Hoy en día, el tratamiento es más personalizado y se recurre cada vez más a estrategias de preservación de la vejiga. Entre estos métodos se encuentra la terapia trimodal (resección tumoral + quimioterapia + radioterapia). Este enfoque multifacético ha demostrado mejorar los resultados tanto en cuanto a la supervivencia como a la preservación del órgano. La incorporación de los regímenes basados en la inmunoterapia mencionados anteriormente ha proporcionado a los pacientes y a sus médicos opciones para elegir el camino que mejor se adapte a sus necesidades y a su estado. Las estrategias de preservación de la vejiga, como la terapia trimodal, pueden alcanzar tasas de supervivencia global comparables a las de la cistectomía radical, sin diferencias estadísticamente significativas en los resultados a largo plazo en pacientes bien seleccionados (4)
En conjunto, los estudios analizados en las dos secciones anteriores demuestran que, en determinados pacientes, ahora es posible preservar la vejiga sin comprometer la supervivencia, lo que supone un cambio significativo con respecto a los paradigmas terapéuticos tradicionales, centrados principalmente en la extirpación quirúrgica.
Avances quirúrgicos
El tratamiento quirúrgico también ha mejorado considerablemente. La cirugía asistida por robot, que se encontraba en sus inicios al comienzo de mi carrera, está ahora ampliamente disponible tanto en los centros hospitalarios comunitarios como en los universitarios. Esta técnica mínimamente invasiva ofrece resultados similares a los de la cirugía abierta (5). Pero la cirugía asistida por robot también ofrece una serie de ventajas a nuestros pacientes. En primer lugar, se producen muchas menos complicaciones, entre ellas una reducción de los coágulos sanguíneos y las infecciones. En segundo lugar, el proceso de recuperación es más rápido. Estos dos factores se combinan para mejorar la calidad de vida postoperatoria.
De cara al futuro
Aunque no todos los pacientes responden de la misma manera, los avances en el tratamiento del cáncer de vejiga avanzado han sido considerables. Hoy en día, cada vez más pacientes viven durante años tras el diagnóstico. Muchos de ellos pueden mantener unos niveles de actividad normales. La detección precoz y estos tratamientos avanzados están ayudando a muchos a lograr un control a largo plazo de la enfermedad o su remisión. En resumen, el cáncer de vejiga avanzado ya no se considera de forma generalizada una enfermedad rápidamente mortal.
A pesar de todos los avances logrados, la investigación en curso sigue ampliando las opciones terapéuticas. En la actualidad, se están estudiando nuevas combinaciones de inmunoterapia. Existen numerosas terapias dirigidas que se encuentran en distintas fases de estudios clínicos los avances en las pruebas genéticas están permitiendo una atención basada en biomarcadores que puede ofrecer planes de tratamiento individualizados, lo que permite a determinados pacientes tanto la supervivencia a la enfermedad como la conservación de la vejiga.
En Northwest Cancer Centers nos enorgullece Northwest Cancer Centers a estos avances mediante nuestra participación en estudios clínicos nacionales, lo que ayuda a garantizar que los pacientes tengan acceso a las terapias más novedosas y a mejores resultados.