Tratamiento del cáncer de ovario en el noroeste de Indiana

El cáncer de ovario es un tipo de cáncer ginecológico que se origina en el tejido que recubre los ovarios, que son las glándulas reproductoras encargadas de producir óvulos. Aunque existen diferentes tipos de cáncer de ovario, como los tumores de células germinales y los tumores estromales, el cáncer epitelial de ovario es el más frecuente y representa alrededor del 90 % de los casos. Este tipo de cáncer suele aparecer en mujeres posmenopáusicas (a partir de los 50 años aproximadamente).

El cáncer de ovario no cuenta con una prueba de detección estándar, y sus síntomas suelen ser vagos y a menudo se diagnostican erróneamente. Los síntomas del cáncer de ovario pueden incluir problemas pélvicos o abdominales, como hinchazón, micción frecuente, menstruaciones irregulares o sangrado vaginal inesperado (después de la menopausia), indigestión, fatiga y dolor en la espalda, el abdomen o la pelvis. Dado que los síntomas son similares a los de algunas afecciones reproductivas femeninas y otras enfermedades comunes, el cáncer de ovario puede ser difícil de diagnosticar en una fase temprana. Por este motivo, el cáncer de ovario suele detectarse en una fase más avanzada, lo que lo convierte en uno de los tipos de cáncer ginecológico más difíciles de tratar.

En Northwest Cancer Centers, nuestros oncólogos ginecológicos colaboran con cada paciente para recomendarle un plan de tratamiento personalizado.

Obtenga más información sobre el diagnóstico, la estadificación y las opciones de tratamiento del cáncer de ovario.

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Diagnóstico del cáncer de ovario

Si presenta uno o más síntomas que puedan indicar un cáncer de ovario, es importante que consulte a su médico para que pueda determinar si se deben al cáncer o a otra causa. Es posible que su médico le pregunte por sus antecedentes médicos personales y familiares, y que le realicen una o varias de las siguientes pruebas:

  • Exploración física: El médico comprueba los signos generales de salud y puede palparle el abdomen para detectar tumores o una acumulación anómala de líquido (ascitis). Se puede extraer una muestra de líquido para buscar células cancerosas de ovario.
  • Exploración pélvica: El médico palpa los ovarios y los órganos cercanos para detectar bultos u otros cambios en su forma o tamaño. La citología vaginal forma parte de una exploración pélvica habitual, pero no se utiliza para recoger células ováricas y no sirve para diagnosticar el cáncer de ovario. La citología vaginal detecta el cáncer de cuello uterino.
  • Análisis de sangre: Es posible que su médico le pida análisis de sangre para detectar signos que indiquen la presencia de cáncer. El laboratorio comprobará los niveles de varias sustancias en la sangre, incluido el CA-125. El CA-125 se encuentra en la superficie de las células cancerosas de ovario y en algunos tejidos normales. Un nivel elevado de CA-125 podría ser un signo de cáncer u otras afecciones. La prueba del CA-125 no se utiliza por sí sola para diagnosticar el cáncer de ovario. Esta prueba está aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) para supervisar la respuesta de una mujer al tratamiento del cáncer de ovario y para detectar su reaparición tras el tratamiento.
  • Ecografía transvaginal: La ecografía transvaginal (ETV) es una prueba que se utiliza para examinar la vagina, el útero, las trompas de Falopio y la vejiga. Se introduce un transductor de ultrasonidos (sonda) en la vagina y se utiliza para que las ondas reboten en los órganos y generen ecos. A continuación, un ordenador crea una imagen (sonograma) a partir de los ecos, que puede mostrar tumores causados por el cáncer de ovario.

Cuando se sospecha de cáncer, es probable que se realice una biopsia de los tumores detectados. Los quistes ováricos benignos son bastante comunes, por lo que es importante saber si se trata de un quiste benigno o de uno que requiera tratamiento contra el cáncer. En muchos casos, se extirpa completamente la masa y, a continuación, se realiza una biopsia; sin embargo, también se puede realizar una biopsia en la que solo se extrae una pequeña muestra de líquido y tejido para que la evalúe un patólogo. Este médico podrá determinar si hay células cancerosas presentes.

Si se detecta cáncer, es importante concertar una consulta con un oncólogo especializado en cánceres ginecológicos. Este realizará algunas pruebas adicionales para determinar hasta qué punto se ha extendido el cáncer.

Pruebas utilizadas para determinar la extensión del cáncer

Las pruebas para determinar la extensión del cáncer proporcionarán al ginecólogo oncólogo información adicional que podrá utilizar como parte del plan de tratamiento.

Si se detecta un cáncer, es posible que sea necesario realizar otras pruebas, como:

  • PET: La tomografía por emisión de positrones (PET) es una prueba de imagen que se utiliza para detectar células tumorales malignas (cancerosas) en el organismo. Se inyecta una pequeña cantidad de glucosa radiactiva (azúcar) en una vena y, a continuación, el escáner PET genera una imagen que muestra dónde se está utilizando la glucosa en el organismo. Dado que los cánceres consumen glucosa a un ritmo mayor que los tejidos normales, las células tumorales malignas aparecerán más brillantes en la imagen.
  • Tomografía computarizada (TC) y/o resonancia magnética (RM): La tomografía computarizada (TC) y la resonancia magnética (RM) son dos técnicas que proporcionan más detalles que las radiografías convencionales. Aunque son similares en el sentido de que muestran imágenes transversales del cuerpo, difieren en sus técnicas. Las tomografías computarizadas utilizan múltiples rayos X tomados desde diferentes ángulos para obtener una serie de imágenes, mientras que las resonancias magnéticas utilizan campos magnéticos y radiofrecuencias.
  • Análisis de biomarcadores del tumor: En algunos casos, su médico podría recomendarle que se realicen análisis del tumor para identificar genes, proteínas y otros factores específicos que se consideran exclusivos del tumor. Esto también se conoce como análisis molecular del tumor. Los cambios genéticos en las células tumorales se denominan mutaciones somáticas. Se recomienda encarecidamente a las mujeres a las que se les ha diagnosticado cáncer de ovario, pero que no son portadoras de una mutación germinal, que se sometan a análisis de biomarcadores somáticos del tumor.
  • Radiografía de tórax: Las radiografías de tórax pueden revelar la presencia de tumores o líquido.
  • Radiografía con enema de bario: Es posible que su médico le pida una serie de radiografías del intestino grueso. Se le administrará un enema con una solución de bario. El bario permite visualizar el contorno del intestino en las radiografías. Las zonas obstruidas por el cáncer pueden aparecer en las radiografías.
  • Colonoscopia: El médico introduce un tubo largo con luz en el recto y el colon. Esta prueba puede ayudar a determinar si el cáncer se ha extendido al colon o al recto.

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Estadios del cáncer de ovario

Para planificar el mejor tratamiento contra el cáncer de ovario para cada paciente, el oncólogo necesita conocer el grado del tumor y la extensión (estadio) de la enfermedad. El estadio se determina en función de si el tumor ha invadido los tejidos circundantes, si el cáncer se ha extendido a otros órganos y, en caso afirmativo, a qué partes del cuerpo.

A menudo, la intervención quirúrgica se lleva a cabo antes de que se haya determinado el estadio de la enfermedad. El cirujano extrae numerosas muestras de tejido de la pelvis y el abdomen para detectar un posible cáncer de ovario.

Los estadios del cáncer de ovario

Los médicos clasifican el estadio del cáncer según el sistema FIGO. Estos son los siguientes:

Fase I

El cáncer se limita a los ovarios o a las trompas de Falopio.

Estadio IA: El cáncer se limita a un solo ovario o a una sola trompa de Falopio. No se ha detectado cáncer en la superficie del ovario o de la trompa de Falopio, ni en el abdomen.

Fase IB: El cáncer afecta a ambos ovarios o trompas de Falopio. No se ha detectado cáncer en la superficie del ovario o de la trompa de Falopio, ni en el líquido peritoneal o en los lavados.

Estadio IC: El cáncer se encuentra en uno o ambos ovarios o trompas de Falopio, y presenta cualquiera de las siguientes características:
  • Estadio IC1: El tumor se rompe durante su extirpación quirúrgica, lo que se denomina «derrame quirúrgico intraoperatorio».
  • Estadio IC2: La pared del tumor se ha roto antes de la cirugía, o hay cáncer en la superficie del ovario o de la trompa de Falopio.
  • Estadio IC3: Se detectan células cancerosas en la acumulación de líquido en la cavidad abdominal, denominada ascitis, o en las muestras de líquido de la cavidad peritoneal obtenidas durante la intervención quirúrgica.

Fase II

El cáncer afecta a uno o ambos ovarios o trompas de Falopio y se ha extendido por debajo de la pelvis, o bien se trata de un cáncer peritoneal.
Estadio IIA: El cáncer se ha extendido al útero y/o a las trompas de Falopio y/o a los ovarios.


Estadio IIB: El cáncer se ha extendido a otros tejidos de la pelvis.

Fase III

El cáncer afecta a uno o ambos ovarios o trompas de Falopio, o bien se trata de un cáncer peritoneal. Se ha extendido al peritoneo fuera de la pelvis y/o a los ganglios linfáticos del retroperitoneo (ganglios linfáticos situados a lo largo de los principales vasos sanguíneos, como la aorta) situados detrás del abdomen.

Estadio IIIA1:El cáncer se ha extendido a los ganglios linfáticos retroperitoneales, que se encuentran en la parte posterior del abdomen, pero no a las superficies peritoneales.
  • Estadio IIIA1(i): Las metástasis, o focos de diseminación, miden 10 milímetros (mm) o menos.
  • Estadio IIIA1(ii): Las metástasis miden más de 10 mm.
Estadio IIIA2: El cáncer se ha extendido de forma microscópica desde la pelvis hasta el abdomen. Es posible que el cáncer se haya extendido a los ganglios linfáticos situados en la parte posterior del abdomen, o quizá no.

Estadio IIIB
: El cáncer se ha extendido visiblemente más allá de la pelvis hasta el abdomen y mide 2 centímetros (cm) o menos, con o sin diseminación a los ganglios linfáticos retroperitoneales. Un centímetro equivale aproximadamente al grosor de un bolígrafo o un lápiz estándar.

Estadio IIIC:
El cáncer se ha extendido visiblemente más allá de la pelvis hasta el abdomen y mide más de 2 cm, con o sin diseminación a los ganglios linfáticos retroperitoneales.

Fase IV

El cáncer se ha extendido a órganos fuera de la zona abdominal.
Estadio IVA: El cáncer se ha extendido al líquido que rodea los pulmones.


Estadio IVB: El cáncer se ha extendido al hígado o al bazo, o a órganos situados fuera del abdomen, incluidos los ganglios linfáticos de la ingle, que se encuentran fuera de la cavidad abdominal.

Grados del cáncer de ovario

Los oncólogos también clasifican el cáncer de ovario según su grado. El grado compara el grado de similitud entre las células cancerosas y las células sanas cuando se observan al microscopio. Esta comparación de las células ayuda al médico a predecir la rapidez con la que el cáncer podría extenderse. También puede ayudar a tu equipo sanitario a tomar mejores decisiones sobre tu plan de tratamiento.

Los grados del cáncer de ovario son los siguientes:

  • Grado 1: El tejido está bien diferenciado. Esto significa que las células del tumor tienen un aspecto similar al de las células normales y están organizadas de forma similar a estas. En la mayoría de los casos, estos tumores crecen lentamente.
  • Grado 2: El tejido presenta una diferenciación moderada. Combina características tanto de los tejidos bien diferenciados como de los poco diferenciados. El grado 2 no se utiliza con tanta frecuencia como los otros dos grados.
  • Grado 3: El tejido está poco diferenciado o es indiferenciado. Esto significa que todas o la mayoría de las células presentan un aspecto muy anómalo y carecen de una estructura tisular normal. A menudo, estos tumores crecen con rapidez y se diseminan rápidamente.

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Opciones de tratamiento del cáncer de ovario

Tu ginecólogo oncólogo hablará contigo para analizar las opciones de tratamiento del cáncer de ovario y los resultados esperados. La mayoría de las mujeres reciben tratamiento con cirugía y quimioterapia. La radioterapia se utiliza en casos excepcionales. El tratamiento del cáncer de ovario puede afectar a las células cancerosas de la pelvis, el abdomen o de todo el cuerpo.

El tratamiento del cáncer de ovario puede incluir uno o varios de los siguientes tratamientos:

Terapia local

La cirugía y la radioterapia son tratamientos locales. Eliminan o destruyen el cáncer de ovario en la pelvis. Cuando el cáncer de ovario se ha extendido a otras partes del cuerpo, se puede recurrir a un tratamiento local para controlar la enfermedad en esas zonas.

Quimioterapia intraperitoneal

La quimioterapia se puede administrar directamente en el abdomen y la pelvis a través de un tubo fino. Los fármacos destruyen o controlan el cáncer en el abdomen y la pelvis.

Quimioterapia sistémica

Cuando la quimioterapia se administra por vía oral o se inyecta en una vena, los fármacos pasan al torrente sanguíneo y destruyen o controlan el cáncer en todo el cuerpo.

Quizá le interese saber cómo el tratamiento puede afectar a sus actividades habituales. Usted y su oncólogo pueden colaborar para elaborar un plan de tratamiento contra el cáncer de ovario que se adapte a sus necesidades médicas y personales.

Cirugía

La laparotomía es la intervención quirúrgica habitual que se utiliza para extirpar el cáncer de ovario. El cirujano realiza una incisión larga en la pared abdominal. Si se detecta cáncer de ovario, el cirujano extirpará el ovario afectado, pero también podría extirpar otras zonas en función de la extensión de las células cancerosas:

  • ambos ovarios y las trompas de Falopio (salpingo-ooforectomía)
  • el útero (histerectomía)
  • el epiplón (la fina capa de tejido graso que recubre los intestinos)
  • ganglios linfáticos cercanos
  • muestras de tejido de la pelvis y el abdomen

Si el cáncer se ha extendido, el cirujano extirpa la mayor parte posible del tumor. A esto se le denomina cirugía de «reducción del volumen tumoral».

Si se encuentra en la premenopausia y padece cáncer de ovario en estadio I temprano, el alcance de la intervención quirúrgica puede depender de si desea quedarse embarazada y tener hijos. Algunas mujeres con cáncer de ovario en fase muy temprana pueden decidir, junto con su oncólogo, someterse a la extirpación de un solo ovario, una sola trompa de Falopio y el epiplón.

Quimioterapia para el cáncer de ovario

La quimioterapia utiliza medicamentos contra el cáncer para destruir las células cancerosas. La mayoría de las mujeres reciben quimioterapia para el cáncer de ovario después de la cirugía. Algunas mujeres reciben quimioterapia antes de la cirugía.

Por lo general, se administran más de un medicamento. Los medicamentos para el cáncer de ovario pueden administrarse de diferentes maneras:

  • Por vía intravenosa (IV): Los medicamentos se pueden administrar a través de un tubo fino que se introduce en una vena.
  • Por vía intravenosa y directamente en el abdomen: algunas mujeres reciben quimioterapia intravenosa junto con quimioterapia intraperitoneal (IP). En el caso de la quimioterapia IP, los fármacos se administran a través de un tubo fino que se introduce en el abdomen.
  • Por vía oral: Algunos medicamentos para el cáncer de ovario se pueden tomar por vía oral.

La quimioterapia se administra en ciclos. A cada periodo de tratamiento le sigue un periodo de descanso. La duración del periodo de descanso y el número de ciclos dependen de los fármacos anticancerosos que se utilicen. El tratamiento puede recibirlo en una clínica, en la consulta del médico o en su domicilio. Es posible que algunas mujeres tengan que permanecer ingresadas en el hospital durante el tratamiento.

Terapia dirigida para el cáncer de ovario

La terapia dirigida es un tipo especial de quimioterapia que utiliza fármacos u otras sustancias para identificar y atacar células cancerosas específicas, en lugar de todas las células, como ocurre con la quimioterapia tradicional. Dado que este tratamiento se centra específicamente en las células cancerosas, es menos probable que las células sanas resulten dañadas.

Aunque cada tipo de terapia dirigida actúa de forma diferente, todas ellas alteran la forma en que las células cancerosas crecen, se dividen, se reparan e interactúan con otras células.

  • La terapia con anticuerpos monoclonales es un tipo de terapia dirigida en la que los anticuerpos se unen a las sustancias y destruyen las células cancerosas, bloquean su crecimiento o impiden que se propaguen.
  • El bevacizumab es un anticuerpo monoclonal que puede utilizarse junto con la quimioterapia para tratar el cáncer epitelial de ovario, el cáncer de trompas de Falopio o el cáncer peritoneal primario que ha reaparecido.
  • Los inhibidores de la poli (ADP-ribosa) polimerasa (inhibidores de PARP) son fármacos de terapia dirigida que bloquean la reparación del ADN y pueden provocar la muerte de las células cancerosas. Se está estudiando el tratamiento con inhibidores de PARP para tratar el cáncer epitelial de ovario que persiste tras la quimioterapia.

Las terapias dirigidas pueden utilizarse en diferentes combinaciones, dependiendo del estadio del cáncer y del estado de salud del paciente. La terapia dirigida puede recetarse en forma de comprimidos orales o administrarse por vía intravenosa.

Inmunoterapia para el cáncer de ovario

La inmunoterapia es un tratamiento contra el cáncer que utiliza el sistema inmunitario de nuestro organismo para reconocer, atacar, controlar y eliminar determinadas células cancerosas. Los oncólogos pueden recomendar la inmunoterapia a pacientes que presentan resistencia a la quimioterapia, con cáncer de ovario recurrente o con cáncer de ovario en estadio 2 o superior.

El pembrolizumab (Keytruda) y el dostarlimab (Jemperli) son un tipo de inmunoterapia denominada «inhibidores de puntos de control inmunitario». Su mecanismo de acción consiste en ayudar al organismo a reconocer y atacar las células cancerosas, potenciar las células inmunitarias que destruyen el cáncer y mejorar la respuesta inmunitaria del organismo.

Radioterapia para el cáncer de ovario

La radioterapia rara vez se utiliza en el tratamiento inicial del cáncer de ovario, pero puede emplearse para aliviar el dolor y otros problemas causados por la enfermedad. El tratamiento utiliza la radiación para destruir las células cancerosas o impedir su crecimiento, y suele administrarse en un hospital o una clínica. Cada sesión dura solo unos minutos.

¿El cáncer de ovario se hereda genéticamente?

Puede existir un factor genético que aumente el riesgo de desarrollar cáncer de ovario. Una mutación genética hereditaria en los genes BRCA1 o BRCA2 se asocia con la aparición de cánceres de mama precoces y agresivos, así como de cáncer de ovario. Aproximadamente el 10 % de los cánceres de ovario están relacionados con esta mutación.

 

Esta mutación genética puede transmitirse a través de los genes tanto de la madre como del padre. Aunque un miembro de la familia dé positivo en la prueba de detección de la mutación, eso no significa automáticamente que tú también la tengas. Habla con franqueza con tu oncólogo sobre tus antecedentes familiares para determinar si las pruebas genéticas son adecuadas para ti o, posiblemente, para tus seres queridos. 

 

El riesgo de padecer cáncer de ovario es mayor si tienes un familiar cercano al que se le haya diagnosticado esta enfermedad, como tu madre o tu hermana. También debes tener en cuenta a tus tías o abuelas, tanto por parte de padre como de madre. Si alguna de ellas padece o ha padecido cáncer de ovario, asegúrate de comunicárselo a tu oncólogo.

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